domingo 5 de julio de 2009
martes 24 de marzo de 2009
A RETRATARSE TOCA....COFRADES

Cada dia que pasa mas cuenta me doy que los que nos llamamos cristianos y pertenecemos a la Iglesia Católica debemos ser coherentes con nuestra fe y con la Iglesia a la que pertenecemos.
En estos dias de marzo nos encontramos con el proyecto de ley del aborto en el cual se va a permitir a menores de edad (16 años) poder "interrumpir el embarazo"(yo le llamo interrumpir la vida) sin permiso de sus padres y podrán hacerlo hasta con cinco meses de gestación. Ante ello la Iglesia, con motivo de la Jornada de la Vida, saca unos carteles donde se defiende al niño no nacido frente a otras especies animales que si que estan protegidas, y que deben seguir estando protegidas, y donde se apuesta con rotundidad por la Vida y en contra del aborto. Desde este momento se suceden la avalancha de criticas y opiniones de los "sabios de este mundo". Algunos llegan a decir que "la iglesia no debe meterse en politica", como si la vida de un ser inocente no tuviera que ver con la Iglesia ni con Dios. Otros que les parece desproporcionado comparar un animal como el lince con la vida del ser humano, cuando todos sabemos que es una gran verdad, se protege más a cualquier animal en epoca de reproducción que al ser humano en el mismo trance de la vida.
Al final vienen unas Cofradias de Cordoba y dicen manifestarse en contra del aborto y para ello en esta Semana Santa todos los pasos procesionales llevaran un lazo blanco para manifestar su oposición a tal ley del aborto, por cierto, como ya se lucieron en una Semana Santa por los que fallecieron el 11M, en los atentados de Madrid, en aquella ocasion fueron negros, y nadie dijo nada, al contrario, se vio muy bien, nadie entendió que fuera manipulacion politica ni nada.
Ahora resulta que las demas cofradias del resto del pais se reunen para ver que pueden hacer. Unas apoyan la iniciativa de los de Cordoba y la mayoria, quieren sacar un escrito diciendo que están encontra del aborto pero que no luciran el lazito blanco...porque dicen algunos que "la Semana Santa no tiene nada que ver con este tema", o dicen otros, que prefieren solo la pureza de las imagenes y su esplendor y ya está....
Hay que RETRATARSE....lo mismo que nos retratamos en otras cosas y no nos importa poner un lazito rojo, azul, verde o del color que sea, no ya en un balcon, ayuntamiento o monumento, sino en nuestras solapas.
Estoy seguro que si se pierde el miedo o se es coherente con la fe y con la Iglesia, y las cofradias de este pais y las solapas de cada uno de nosotros lucieran el lazito blanco, el millón de niños asesinados en el vientre de su madre nos lo estarán agradeciendo desde el cielo.
Manuel
viernes 20 de marzo de 2009
A DONDE VAMOS A PARAR
Cada vez me encuentro más personas que viven asustadas por la marcha del mundo. Son, tal vez, padres que me paran por la calle para contarme que la «juventud está perdida», que ya no saben qué hacer para defender a sus hijos del ambiente que les rodea. O son mujeres que se lamentan de el clima sucio que en los medios de comunicación y en las calles se respira. O jóvenes que no saben lo que quieren o adónde van.
. Y casi todos terminan sus lamentaciones con la misma frase: «¿Adónde vamos a parar?»
Yo entonces les doy la única respuesta que me parece posible: «Vamos adonde usted y yo queramos ir.» E intento recordarles dos cosas, que leia en uno de los libros del sacerdote Jose Luis Martín Descalzo.
La primera es que, aunque es cierto que el ambiente y las circunstancias influyen tremendamente en la vida de los hombres, es, en definitiva, la propia libertad quien toma las grandes decisiones. Vivimos en el mundo, es cierto, pero cada uno es hijo de sus propias obras y, por fortuna, al final, hay siempre en el fondo del alma un ámbito irreductible en el que sólo manda nuestra propia voluntad. La Historia está llena de genios surgidos en ambientes adversos. Beethoven fue lo que fue a pesar de tener un padre borracho; Francisco de Asís descubrió la pobreza en un ambiente donde se daba culto al becerro de oro del dinero; todos los intransigentes no arrancaron un átomo de alegría a Teresa de Jesús.
Hoy, me temo, todos tenemos demasiada tendencia a escudarnos en el ambiente para justificar nuestra propia mediocridad. Y llega el tiempo de que cada hombre se atreva a tomar su propio destino con las dos manos y a navegar, si es preciso, contra corriente. Dicen que los salmones son tan sabrosos porque nadan en aguas muy frías y porque nadan río arriba. Ciertamente los hombres suelen valer en proporción inversa a las facilidades que han tenido en sus vidas.
La segunda cosa que suelo responder es que «el mundo» somos nosotros, no un ente superpuesto con el que nosotros nada tengamos que ver. Si el mundo marcha mal es porque no funcionamos bien cada uno de sus ciudadanos, porque no habría que preguntarse «adónde va a parar el mundo», sino hacia adónde estoy yendo yo, y a medida que nos vamos apartando de Dios nos vamos apartando de los hombres, mirándolos más como rivales que como hermanos.
A nosotros los hombres sólo se nos pide que hagamos lo que podamos, lo que está en nuestra mano.
Por ello, ¿qué hacer cuando las cosas van mal? Yo creo que pueden tomarse cuatro posturas: tres, idiotas (gritar, llorar, desanimarse), y sólo una, seria y práctica (hacer).
En el mundo sobran, por de pronto, los que se dedican a lamentarse, esa infinita colección de anunciadores de desgracias, de coleccionistas de horrores, de charlatanes de café, de comadrejas de tertulia. Si algo está claro es que el mundo no marchará mejor porque todos nos pongamos a decir lo mal que marcha todo. Es bueno, sí, denunciar el error y la injusticia, pero la denuncia que se queda en pura denuncia es aire que se lleva el aire.
Menos útiles son aún los llorones, aunque éstos encuentren una especie de descanso en sus lágrimas. A mí me parecen muy bien las de Cristo ante la tumba de su amigo, pero porque después puso manos a la obra y le resucitó. Y me parecen estupendas las de María, porque no le impidieron subir hasta el mismo calvario. Pero me parecen tontas las de las mujeres de Jerusalén, que lloraron" mucho, pero luego se quedaron en el camino sin acompañar a Aquel por quien lloraban.
Peor es aún la postura de los que, ante el mal del mundo, se desalientan y se sientan a no hacer nada. El mal, que debería ser un acicate para los buenos, se convierte así en "una morfina, con lo que consigue dos victorias: hacer el mal y desanimar a quienes deberían combatirlo.
La única respuesta digna del hombre -me parece- es la del que hace lo que puede, con plena conciencia de que sólo podrá remediar tres o cuatro milésimas de ese mal, pero sabiendo de sobra que esas tres milésimas de bien son tan contagiosas como las restantes del mal.
El mundo no estaba mejor cuando Cristo vino a redimirlo. Y no se desanimó por ello. A la hora de la cruz le habían seguido tres o cuatro personas, y no por ello renunció a subir a ella. Ningún gran hombre se ha detenido ante la idea de que el mundo seguiría semipodrido-semidormido a pesar de su obra. Pero ese esfuerzo suyo -tan fragmentario, tan aparentemente inútil- es la sal que sigue haciendo habitable este planeta.
Por lo tanto, queridos lectores, no nos lamentemos tanto de ¡cómo está el mundo, los jóvenes, etc...sino que pongámonos manos a la obra para hacer a nuestro alrededor el poco o mucho bien que podamos...eso contagiará...y hagamos el acto de voluntad de volver a Dios, que no nos olvidemos de El, pues en definitiva quien lleva esta barca de la historia es El, pero El no quiere quitarnos de un plumazo nuestra libertad, quiere que seamos nosotros los artífices de nuestro mundo y la esperanza para nuestros pequeños.
. Y casi todos terminan sus lamentaciones con la misma frase: «¿Adónde vamos a parar?»
Yo entonces les doy la única respuesta que me parece posible: «Vamos adonde usted y yo queramos ir.» E intento recordarles dos cosas, que leia en uno de los libros del sacerdote Jose Luis Martín Descalzo.
La primera es que, aunque es cierto que el ambiente y las circunstancias influyen tremendamente en la vida de los hombres, es, en definitiva, la propia libertad quien toma las grandes decisiones. Vivimos en el mundo, es cierto, pero cada uno es hijo de sus propias obras y, por fortuna, al final, hay siempre en el fondo del alma un ámbito irreductible en el que sólo manda nuestra propia voluntad. La Historia está llena de genios surgidos en ambientes adversos. Beethoven fue lo que fue a pesar de tener un padre borracho; Francisco de Asís descubrió la pobreza en un ambiente donde se daba culto al becerro de oro del dinero; todos los intransigentes no arrancaron un átomo de alegría a Teresa de Jesús.
Hoy, me temo, todos tenemos demasiada tendencia a escudarnos en el ambiente para justificar nuestra propia mediocridad. Y llega el tiempo de que cada hombre se atreva a tomar su propio destino con las dos manos y a navegar, si es preciso, contra corriente. Dicen que los salmones son tan sabrosos porque nadan en aguas muy frías y porque nadan río arriba. Ciertamente los hombres suelen valer en proporción inversa a las facilidades que han tenido en sus vidas.
La segunda cosa que suelo responder es que «el mundo» somos nosotros, no un ente superpuesto con el que nosotros nada tengamos que ver. Si el mundo marcha mal es porque no funcionamos bien cada uno de sus ciudadanos, porque no habría que preguntarse «adónde va a parar el mundo», sino hacia adónde estoy yendo yo, y a medida que nos vamos apartando de Dios nos vamos apartando de los hombres, mirándolos más como rivales que como hermanos.
A nosotros los hombres sólo se nos pide que hagamos lo que podamos, lo que está en nuestra mano.
Por ello, ¿qué hacer cuando las cosas van mal? Yo creo que pueden tomarse cuatro posturas: tres, idiotas (gritar, llorar, desanimarse), y sólo una, seria y práctica (hacer).
En el mundo sobran, por de pronto, los que se dedican a lamentarse, esa infinita colección de anunciadores de desgracias, de coleccionistas de horrores, de charlatanes de café, de comadrejas de tertulia. Si algo está claro es que el mundo no marchará mejor porque todos nos pongamos a decir lo mal que marcha todo. Es bueno, sí, denunciar el error y la injusticia, pero la denuncia que se queda en pura denuncia es aire que se lleva el aire.
Menos útiles son aún los llorones, aunque éstos encuentren una especie de descanso en sus lágrimas. A mí me parecen muy bien las de Cristo ante la tumba de su amigo, pero porque después puso manos a la obra y le resucitó. Y me parecen estupendas las de María, porque no le impidieron subir hasta el mismo calvario. Pero me parecen tontas las de las mujeres de Jerusalén, que lloraron" mucho, pero luego se quedaron en el camino sin acompañar a Aquel por quien lloraban.
Peor es aún la postura de los que, ante el mal del mundo, se desalientan y se sientan a no hacer nada. El mal, que debería ser un acicate para los buenos, se convierte así en "una morfina, con lo que consigue dos victorias: hacer el mal y desanimar a quienes deberían combatirlo.
La única respuesta digna del hombre -me parece- es la del que hace lo que puede, con plena conciencia de que sólo podrá remediar tres o cuatro milésimas de ese mal, pero sabiendo de sobra que esas tres milésimas de bien son tan contagiosas como las restantes del mal.
El mundo no estaba mejor cuando Cristo vino a redimirlo. Y no se desanimó por ello. A la hora de la cruz le habían seguido tres o cuatro personas, y no por ello renunció a subir a ella. Ningún gran hombre se ha detenido ante la idea de que el mundo seguiría semipodrido-semidormido a pesar de su obra. Pero ese esfuerzo suyo -tan fragmentario, tan aparentemente inútil- es la sal que sigue haciendo habitable este planeta.
Por lo tanto, queridos lectores, no nos lamentemos tanto de ¡cómo está el mundo, los jóvenes, etc...sino que pongámonos manos a la obra para hacer a nuestro alrededor el poco o mucho bien que podamos...eso contagiará...y hagamos el acto de voluntad de volver a Dios, que no nos olvidemos de El, pues en definitiva quien lleva esta barca de la historia es El, pero El no quiere quitarnos de un plumazo nuestra libertad, quiere que seamos nosotros los artífices de nuestro mundo y la esperanza para nuestros pequeños.
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